En el mundo del deporte, la palabra debut últimamente está en primera linea de la parrilla. Ricky Rubio debuta con la selección de basket; Bojan hace su debut con la roja en Albacete frente a Armenia... Casualidades de la vida ambos son de mi generación, pero la diferencia entre sus precoces debuts y lo que yo voy a contar es abismal, aunque real como la vida misma.
Abril de 2007. 16 años a mis espaldas, juvenil de primer año. Por aquel entonces yo jugaba en un equipo de barriada, en el C.F. Bufalà. Fue una temporada difícil, llena de situaciones esperpénticas y rocambolescas durante casi todo el año. Lamentablemente, el descenso nos dio caza y no pudimos escapar.
Si era difícil estar peor que nosotros... el primer equipo lo estaba. Últimos en Primera Regional, con apenas dos victorias después de mas de medio campeonato de liga disputado. Desahuciado totalmente, jugadores lesionados indefinidamente, poco compromiso, poca ilusión, nulo compañerismo entre ellos y dos entrenadores que ya habían pasado por el banquillo... y llegó el tercero. ¡Ojo! Gran parte de la situación por la que atravesaba el club era culpa de la directiva, de la mala gestión llevada a cabo durante esa misma temporada. El presi, entonó el mea culpa demasiado tarde.
Un sábado más, tocaba ponerse las botas, las espinilleras, las medias... Esta vez era en el Nou Sardenya, de grato recuerdo para mi, ya que un 22 de enero de 2000 disputé mi primer partido en fútbol grande con la camiseta del C.F. Badalona. No iba a ser un partido cualquiera, no. Antes de salir a calentar, nuestro entrenador nos comunicó a un compañero y a mi, que el entrenador del primer equipo nos había convocado para jugar al día siguiente con ellos. No íbamos a jugar con nuestro equipo, seríamos meros espectadores de aquel encuentro que se nos escaparía en el último instante de partido y por la mínima. Una vez más, la mala suerte nos la volvió a jugar.
Lo único que nos ilusionaba de jugar con el amateur eran los 60 euros de prima que nos llevaríamos cada uno en caso de ganar el partido. Viendo la trayectoria de éstos, la cosa se antojaba poco mas que misión imposible, una auténtica hazaña. No eramos los primeros en subir con los mayores. Anteriormente, otros compañeros lo habían hecho y todos con la misma suerte. Derrota clara y evidente. 60 euros que volaban de sus manos.
Inocentes nosotros, no tuvimos más remedio que aceptar y presentarnos al día siguiente en nuestro estadio. El partido era frente al Buen Pastor, que no repartían caramelos precisamente...
Buen recibimiento tanto por parte del míster como de los compañeros. Yo no iba a ser titular, mi compañero si.
Empieza el partido y a los diez minutos nos adelantamos. Según me comentaron, era la misma película de siempre, cuestión de tiempo era que nos empataran y acabáramos perdiendo.
Cuarto de hora de encuentro, el autor del primer gol se lesiona y pide el cambio. Con el 14 a la espalda, salto al césped del Municipal de Bufalà para jugar de medio centro.
Quería, sobretodo, demostrar que no me arrugaba ante aquellos frustrados del fútbol. Nada más salir, pequé de pardillo. Entrada a ras de suelo a un contrario, al que no toqué, pero como se dice en estos casos, la experiencia es un grado y la mayoría de ellos ya habían sido cocineros antes que frailes. Debut en Primera Regional con tarjeta amarilla...
El partido se nos puso muy de cara, hicimos el segundo y tercero... pero ellos, como buenos bregadores, se nos pusieron 3-2. A mi ya me habían repartido estopa en algún que otro córner e incluso se me encaró un contrario diciéndome: "Tu qué, ¿vas aún al cole?". Intentaba seguir el consejo de uno de los compañeros antes de empezar el partido: "Dani, tu suéltala rápido porque sino te pegaran fuerte". Nunca había deseado tanto que se acabara un partido, con 4-3 en el marcador... llegó la jugada clave.
Córner en parte derecha de nuestro ataque. Va Juanmi, con una zurda exquisita, al lanzamiento. Balón al corazón del área... y para sorpresa de todos, el chaval del numero 14, el juvenil, se alzó como nadie, ganándole la partida a su par y con un remate inapelable puso el 5-3 en el electrónico. Ahora sí, ¡esto se tenia que acabar ya!. Era el gol de la victoria, era el gol que acababa con la mala racha, ¡era el gol de los 60 euros! Un debut soñado.
Felicitaciones de todo tipo al acabar el partido, incluso del entrenador rival y de gente de nuestra directiva. Fue una sorpresa, dado que la relación no era demasiado buena entre nosotros. Aunque más sorpresa aún es cuando nos dice el míster que quiere seguir contando con nosotros, que al día siguiente nos quería en el entreno. Esto no entraba en nuestros planes, yo no quería volver a jugarme la vida en un campo. Ese partido no fue apto para cardiacos y ni mucho menos quería ver a mi padre en la grada con el corazón en un puño.
Me presenté al entreno y al final de éste, recibí la prima en el sobre de rigor, el cual guardo aún con especial cariño.
Mi aventura en la Primera Regional había finalizado. Yo no quería seguir disfrutando del fútbol de esa manera. Desde aquel momento decidí que, cuando acabara mi andadura como juvenil, nunca más jugaría en una categoría similar a esa. Por mucha prima que estuviera delante... Eran 60 euros, el principio de una semana santa que se avecinaba y que fue casi memorable.
Abril de 2007. 16 años a mis espaldas, juvenil de primer año. Por aquel entonces yo jugaba en un equipo de barriada, en el C.F. Bufalà. Fue una temporada difícil, llena de situaciones esperpénticas y rocambolescas durante casi todo el año. Lamentablemente, el descenso nos dio caza y no pudimos escapar.
Si era difícil estar peor que nosotros... el primer equipo lo estaba. Últimos en Primera Regional, con apenas dos victorias después de mas de medio campeonato de liga disputado. Desahuciado totalmente, jugadores lesionados indefinidamente, poco compromiso, poca ilusión, nulo compañerismo entre ellos y dos entrenadores que ya habían pasado por el banquillo... y llegó el tercero. ¡Ojo! Gran parte de la situación por la que atravesaba el club era culpa de la directiva, de la mala gestión llevada a cabo durante esa misma temporada. El presi, entonó el mea culpa demasiado tarde.
Un sábado más, tocaba ponerse las botas, las espinilleras, las medias... Esta vez era en el Nou Sardenya, de grato recuerdo para mi, ya que un 22 de enero de 2000 disputé mi primer partido en fútbol grande con la camiseta del C.F. Badalona. No iba a ser un partido cualquiera, no. Antes de salir a calentar, nuestro entrenador nos comunicó a un compañero y a mi, que el entrenador del primer equipo nos había convocado para jugar al día siguiente con ellos. No íbamos a jugar con nuestro equipo, seríamos meros espectadores de aquel encuentro que se nos escaparía en el último instante de partido y por la mínima. Una vez más, la mala suerte nos la volvió a jugar.
Lo único que nos ilusionaba de jugar con el amateur eran los 60 euros de prima que nos llevaríamos cada uno en caso de ganar el partido. Viendo la trayectoria de éstos, la cosa se antojaba poco mas que misión imposible, una auténtica hazaña. No eramos los primeros en subir con los mayores. Anteriormente, otros compañeros lo habían hecho y todos con la misma suerte. Derrota clara y evidente. 60 euros que volaban de sus manos.
Inocentes nosotros, no tuvimos más remedio que aceptar y presentarnos al día siguiente en nuestro estadio. El partido era frente al Buen Pastor, que no repartían caramelos precisamente...
Buen recibimiento tanto por parte del míster como de los compañeros. Yo no iba a ser titular, mi compañero si.
Empieza el partido y a los diez minutos nos adelantamos. Según me comentaron, era la misma película de siempre, cuestión de tiempo era que nos empataran y acabáramos perdiendo.
Cuarto de hora de encuentro, el autor del primer gol se lesiona y pide el cambio. Con el 14 a la espalda, salto al césped del Municipal de Bufalà para jugar de medio centro.
Quería, sobretodo, demostrar que no me arrugaba ante aquellos frustrados del fútbol. Nada más salir, pequé de pardillo. Entrada a ras de suelo a un contrario, al que no toqué, pero como se dice en estos casos, la experiencia es un grado y la mayoría de ellos ya habían sido cocineros antes que frailes. Debut en Primera Regional con tarjeta amarilla...
El partido se nos puso muy de cara, hicimos el segundo y tercero... pero ellos, como buenos bregadores, se nos pusieron 3-2. A mi ya me habían repartido estopa en algún que otro córner e incluso se me encaró un contrario diciéndome: "Tu qué, ¿vas aún al cole?". Intentaba seguir el consejo de uno de los compañeros antes de empezar el partido: "Dani, tu suéltala rápido porque sino te pegaran fuerte". Nunca había deseado tanto que se acabara un partido, con 4-3 en el marcador... llegó la jugada clave.
Córner en parte derecha de nuestro ataque. Va Juanmi, con una zurda exquisita, al lanzamiento. Balón al corazón del área... y para sorpresa de todos, el chaval del numero 14, el juvenil, se alzó como nadie, ganándole la partida a su par y con un remate inapelable puso el 5-3 en el electrónico. Ahora sí, ¡esto se tenia que acabar ya!. Era el gol de la victoria, era el gol que acababa con la mala racha, ¡era el gol de los 60 euros! Un debut soñado.
Felicitaciones de todo tipo al acabar el partido, incluso del entrenador rival y de gente de nuestra directiva. Fue una sorpresa, dado que la relación no era demasiado buena entre nosotros. Aunque más sorpresa aún es cuando nos dice el míster que quiere seguir contando con nosotros, que al día siguiente nos quería en el entreno. Esto no entraba en nuestros planes, yo no quería volver a jugarme la vida en un campo. Ese partido no fue apto para cardiacos y ni mucho menos quería ver a mi padre en la grada con el corazón en un puño.
Me presenté al entreno y al final de éste, recibí la prima en el sobre de rigor, el cual guardo aún con especial cariño.
Mi aventura en la Primera Regional había finalizado. Yo no quería seguir disfrutando del fútbol de esa manera. Desde aquel momento decidí que, cuando acabara mi andadura como juvenil, nunca más jugaría en una categoría similar a esa. Por mucha prima que estuviera delante... Eran 60 euros, el principio de una semana santa que se avecinaba y que fue casi memorable.

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